PINACOTECA

Gran parte de la Colección Bazán y Bustos está formada por pinturas; muchas con motivos o representaciones de carácter religioso, pero también de temática profana. En sus viajes por Europa el obispo tuvo la oportunidad de hacerse de cuadros que encontraba disponibles para la compra, algunos pertenecientes como él mismo declara, a colecciones importantes como la de la familia Braschi de Roma, Boldoni de Milán, la del Cardenal Joseph Fesch de Francia y Narváez de España. Movido por su gusto de los grandes maestros, se entretuvo en adquirir numerosas copias de obras reconocidas, así como también telas de artistas que todavía no habían adquirido el renombre que consiguieron años después. Se trata por lo tanto de una colección ecléctica, formada a partir de consideraciones y gustos personales - formada por lo tanto por obras de valor artístico desigual - pero que tiene el mérito de testimoniar el clima artístico de uno de los momentos históricos en el que el coleccionismo fue objeto de un profundo cambio de perspectiva u una renovado juicio de valoración. 

JOSÉ PEDRAZA (1880-1937) - LAVANDERA DE ALCALÁ

(134 x 86 cm.)

Monseñor Bazán y Bustos tenía admiración por esta obra del famoso pintor sevillano, al punto de decir que le parecía difícil "decir todo lo que siento de la belleza de este cuadro".  Lo describe seguidamente con estas palabras: "Todo palpita y se mueve en este cuadro, hecho a luz plena. Cada detalle impresiona y conmueve por su hermoso realismo. Esos troncos, ese musgo, esa tierra, esos árboles y ramajes, tan propios, tan vivos, tan reales; esas gotas de sol que resbalan por entre la fronda y salpican y manchan la espalda de la lavandera, la reverberación solar que inunda el ambiente y caldea la atmósfera; esas aguas limpias, cristalinas y diáfanas, todo, en fin, ha sido más que calculado y estudiado. Como se ve, la escuela española, de brillante, clásico y legendario colorido, no lleva trazas de abdicar su cetro" (Arte nº 99).

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SAN ANDRÉS

Autor desconocido

Óleo sobre lienzo

43 x 58 cm.

La tela reproduce un fragmento de la obra original del pintor español José de Ribera (1591-1652) que se exhibe en el Museo del Prado de Madrid. El motivo representado es la figura del apóstol San Andrés, hermano de Simón Pedro, sosteniendo la cruz en forma de X de su martirio y un pez en referencia a que, como su hermano, se dedicaba al oficio de pescador, antes del llamado de Jesús a convertirse en "pescador de hombres" (Mt. 4, 18.19). La tela conservada en la pinacoteca de Paraná reproduce solo la cabeza y los hombros del apóstol. Cabe recordar que la reliquia de la cabeza del apóstol fue una de las cuatro reliquias más valiosas de la Basílica de San Pedro, junto al lienzo de la Verónica, la Cruz del Señor traída por Santa Elena, y la lanza de San Longino, indicadas por las cuatro colosales estatuas de mármol insertas en los pilares que sostienen la cúpula de la basílica.  Se trata en todo caso de una copia anónima de gran calidad artística.

JOSÉ BRUGO

COMUNIÓN DE SAN JERÓNIMO

SIGLO XX

Copia del original de Doménico Zampieri, el Domenichino 1581-1641

El autor fue el pintor italiano que el Papa Benedicto XV (1914-1922) convocó para que le hiciera sus primeros retratos como Pontífice. La copia, de gran calidad, reproduce la famosa obra del Domenichino que se expone en los Museos vaticanos. La escena representa la última comunión de San Jerónimo (s. IV-V) antes de morir, y se inscribe en la nutrida tradición pictórica de "últimas comuniones" de santos, surgida después del Concilio de Trento (S. XVI). El motivo contribuía a afianzar la fe eucarística que había sido puesta en discusión por el protestantismo, y la Iglesia buscó defender y visibilizar a través de distintos medios, entre ellos, el arte. 

DESCENDIMIENTO

Anónimo - Escuela de Bologna

(110 x 100 cm.)

Dice respecto a esta tela el obispo Bazán y Bustos: "Tela de gran efecto pictórico. Más que por su diseño, no siempre correcto, se distingue por su valiente colorido y armonioso claroscuro. La composición es rica, interesante y bien ordenada, porque todo aparece reunido en un solo punto de vista, subordinadas las partes al objeto principal, que da unidad a la acción y expresión al conjunto. Aunque un tanto duras y forzadas las figuras de la Magdalena y de la Virgen, sin mayor expresión en sus semblantes, la actitud, empero, que el artista ha dado a la última es bella y comunica movimiento y expresión a toda la escena" (Arte nº 57)

LA VIRGEN Y EL NIÑO DEL CLAVEL

Anónimo Escuela italiana

(91 x 62 cm.)

"Tela de datación desconocida y mediocre valor artístico, que el obispo Bazán y Bustos describe con estas palabras: "Antiquísima pintura, de fondo pobre y demasiado amplio, que lleva trazas de remontarse al cuatrocientos por la dureza de líneas y de actitudes y el misticismo tranquilo de las fisonomías, no del todo malas. La carita del Niño, aunque fea, es muy humana, y su cabecita está regularmente tratada" (Arte nº 163)

GIOVANNI BATTISTA SALVI, EL SASSOFERRATO

(1609-1685)

VIRGEN EN CONTEMPLACIÓN 

Oleo sobre tela (35 x 28 cm.)

 

Bellísima tela del pintor italiano originario de Sassoferrato, famoso por sus vírgenes en actitud orante, de las que pintó innumerables variantes. La colección Bazán y Bustos atesora tres obras originales del pintor. La presente es una versión con ligeras variantes de la que expone el Museo del Prado. El obispo Bazán y Bustos se refiere a ella con estas palabras: "Una circunstancia fortuita dióme ocasión de adquirir esta bellísima obra del Sassoferrato. Al mostrársela a uno de los mejores pintores de Roma y narrarle la circunstancia me dijo que podía estar satisfecho de poseer una pintura original del gran artista. Tan cierto se mostraba de esto, que me ofreció una ingente suma de dinero si deseaba deshacerme de ella, lo que, como es claro, rehusé. 

La fisonomía de la Virgen no es propiamente bella, pero está bella y artísticamente ejecutada, con ese estilo único, lleno de suavidad, gracia y misticismo que adquirió el artista en el estudio perseverante de las Vírgenes de Rafael. 

El colorido y la expresión devota, digna y tranquila, son admirables. Pláceme sobremanera el velo, de una naturalidad encantadora al caer y plegarse sobre la frente, transparentada con limpieza, donosura y gracia.

El pintor aquel hacíame notar pequeños detalles del pelo, tratado con envidiable maestría, y de los bordes de la camisa, en especial, y ,entusiasmado ante la artística ejecución de los mismos, añadíame: Son pequeñeces y minucias, si se quiere, pero muestran a las claras la valentía de la mano; puede estar seguro que es original; una copia no reproduce con tanta precisión y exactitud estos ínfimos detalles. 

Es esta una réplica de la Virgen en contemplación que se conserva en el Museo del Prado, con pequeñas variantes que no escapan a la mirada del observador atento, y , a mi juicio, muy superior en su ejecución artística a la del Prado" (Arte, nº 96).

PESEBRE 

Copia del original de Gerard van Honthorst (1590-1656)

(92 x 54 cm)

Se trata nuevamente de una reproducción de las varias que Bazán y Bustos incorporó a su colección. En este caso del pintor holandés del siglo XVII, famoso por sus escenas nocturnas y conocido en Italia con el apodo de Gerardo Della Notte. En su libro "Arte" la describe con estas palabras: "El autor ha iluminado su tela magistralmente, nada más que con los resplandores que escapan del recién nacido, y con toques de luz tan delicados y suaves, que es un encanto. Alguien acaso, un tanto escrupuloso, pudiera encontrar dureza de líneas en alguna de las figuras. Pero,  ¿ Quien se fija en naderías cuando se respira aquí un ambiente de sobrenatural misticismo? (Arte nº 13).

LA ANUNCIACIÓN

Copia anónima de un original de Federico Barocci (1535-1612)

(45 x 33 cm)

Pequeña tela de copista anónimo, que reproduce una famosa anunciación del pintor urbinese conocido como Il Baroccio, expuesta en la pinacoteca vaticana. Monseñor Bazán y Bustos, que, como vemos, acostumbra hacer su valoración personal de cada pintura, sin ocultar sus defectos, la describe asi: "De regular colorido, y de expresión pasable la Virgen, el diseño es malo. El Ángel, sobre todo, muestra una musculatura exagerada, y no hay llaneza y naturalidad en los pliegues de la ropa, que caen con dureza y amaneramiento" (Arte nº 64)..

SAN LORENZO

Anónimo de escuela española (68 x 45 cm)

La tela representa el éxtasis del mártir San Lorenzo en el momento de recibir la corona del martirio. Sobre el ángulo inferior derecho la visión del tormento. El culto de San Lorenzo, diácono martirizado a mitad del siglo III en Roma, tuvo desde el comienzo una extraordinaria difusión en todo el mundo romano. De origen español, fue martirizado sobre una parrilla, y posteriormente sepultado en la Vía Tiburtina, donde se levanta la actual basílica del cementerio homónimo. 

la representación responde a los cánones artísticos posteriores al concilio de Trento: la composición en dos niveles, el carácter extático de la figura, los atributos iconográficos clásicos del santo (parrilla y dalmática), y la representación de la escena del martirio.

El obispo Bazán y Bustos la comenta con estas palabras: "Esta tela, en su colorido y expresión, en su composición y dibujo y hasta en los más mínimos detalles de ejecución, acusa un pincel maestro, un artista de primera fila. A la verdad que un tal calificativo merece quien ha sido capaz de miniar uno solo de los tres angelitos que forman parte del grupo. Pero, sobre todo, el escorzo de perspectiva que ofrece el que arroja la corona sobre la cabeza del extático mártir es sencillamente admirable; bastaría él solo para dar fama a un artista. Más que una escena muda, es un poema parlante de colores" (Arte nº 69).

LA VIRGEN, EL NIÑO Y SAN JUAN

(29 x 22 cm.)

Pequeña tela atribuida, según expresa el obispo Bazán y Bustos, al pintor florentino Carlo Dolci (1616-1686), atribución, sin embargo, más que dudosa. Sobre este supuesto de autoría, Bazán y Bustos comenta la obra, haciendo referencias al estilo pictórico de Dolci y a su lugar en la pintura del barroco. 

Es bastante frecuente en la Colección Bazán y Bustos, encontrar obras atribuidas a importantes artistas, no a partir de un examen científico, sino de comentarios orales o afirmaciones de los vendedores. En varios casos, tales atribuciones resultan por demás improbables, como en este caso. Resulta claro que en aquel tiempo no existían los métodos actuales para determinar la autoría real de las obras que se adquirían. En no pocos casos, un simple análisis visual, habría bastado para desestimar algunas aseveraciones que en aquellos tiempos solían ser comunes en el mercado del arte, y a menudo compradores no bien asesorados aceptaban sin mayores cuestionamientos. 

SAN FRANCISCO DE ASIS

Copia anónima de un original de Bartolomé Murillo (1617-1682)

(86 x 64 cm.)

Se trata de una magnífica copia, aunque en menor tamaño, del original del pintor sevillano que se exhibe en el Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla. Dice de ella el obispo Bazán y Bustos: "San Francisco, apoyando su pie sobre la esfera, símbolo del mundo, se acerca, con los ojos humedecidos por el amor y por el dolor de ver a su Dios crucificado, a abrazarle; Jesús desclava la diestra para abrazar a su siervo. Antigua y hermosísima copia ejecutada con acabada perfección. Hay en los labios del Señor un principio de sonrisa, velada por la serena majestad de su faz adorable, pero ahí está, como insinuada y adivinándose sin esfuerzo. La morbidez, el sombreado, el dibujo de ambas figuras, no dejan nada que desear" (Arte nº 16).

SAN JUAN BAUTISTA Atribuido a Francesco Curradi (1570-1661) Oleo sobre tela (288 x 176 cm.)

Se trata de una de las obras de mayores dimensiones de la colección. La tela no se menciona en el elenco de 1919 (Arte), probablemente porque adquirida con posterioridad. El sujeto representado es San Juan el Bautista, precursor del Salvador, quien un día, viendo que Jesús se acercaba, dijo "Este es el Cordero de Dios" (Jn 1, 29). la tradición iconográfica, evocando dicho episodio, introdujo el atributo gestual del Bautista con el dedo índice extendido, que puede verse en numerosas obras, y en algunas ocasiones llega a convertirse en el principal elemento de identificación del sujeto, como ocurre, por ejemplo, con el San Juan Bautista de Leonardo da Vinci. El gesto se completa con el atributo del “vestido de piel de camello” (Mt. 3, 4) testimoniado en los textos evangélicos, y el estandarte en forma de cruz que preanuncia la Pasión del Salvador.

La postura emplea el recurso del contrapposto, tan frecuente sobre todo en la escultura, para dar movimiento a la figura conservando el equilibrio y la armonía de las distintas partes del cuerpo. 

La atribución al pintor florentino Francesco Corradi parece la más fundada ,entre otras que se han hecho para determinar la autoría del cuadro (Atribución hecha por los profesionales del Taller de Restauro de Arte (Tarea) del Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural de la Universidad de San Martín).

VIRGEN CON EL NIÑO, SAN JUAN BAUTISTA NIÑO, SAN PABLO, SANTA MARÍA MAGDALENA Y SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA

Autor desconocido - Escuela italiana

Oleo sobre tela (49 x 39 cm.)

Pequeña tela de vigoroso colorido que el obispo Bazán y Bustos menciona sin hacer mayores comentarios, a excepción de su antigüedad y unción religiosa. Originalmente ubicada en el dormitorio del palacio episcopal. La obra fue restaurada en el año 2007.

DAMA MIDIÉNDOSE EL CALZADO

Óleo sobre madera  de autor desconocido

(33 x 26 cm.)

Pequeña tabla que el obispo Bazán y Bustos califica como "una verdadera obra de arte", destacando la lograda expresión de las figuras y la exactitud de algunos detalles solo visibles a una mirada atenta. La obra, un tanto dañada por el paso del tiempo, fue restaurada en el año 2007.

LOS MÁRTIRES DE GORKUM 

Copia del original de Cesare Fracassini (1838-1868)

Óleo sobre tela (101 x 75 cm.)

Se trata de una copia de gran calidad, de la tela original del pintor romano Cesare Fracassini que se expone en los Museos vaticanos. Con crudeza y realismo representa el martirio de diecinueve sacerdotes y monjes católicos de la ciudad holandesa de Gorkum, ejecutados por calvinistasl el 9 de julio de 1572 en Brielle (Holanda). Tras ser torturados en la prisión de Gorkum, fueron conminados a apostatar de su fe católica, a lo que se negaron todos, excepto dos, que así se libraron de la muerte. Fueron beatificados por Clemente X en 1673 y canonizados por Pío IX el 29 de junio de 1865. Su festividad se celebra el 9 de julio, fecha de su muerte. 

Dice sobre este cuadro el obispo Bazán y bustos: "Lo que más llama la atención en esta tela es su colorido, por los grandes y variados contrastes de luz, firmes y acentuados, de un efecto sorprendente" (Arte nº 14).

ANTONIO RIVAS PRATS (1883-1913) CATEDRAL Y PLAZA DE PARANÁ

Óleo sobre tela (100 x 76 cm.)

Escribe sobre esta tela el obispo Bazán y Bustos: "Discípulo de (Marcel) Jambón de París, el autor de este lienzo ha sido premiado en exposiciones internacionales europeas. Sigue las huellas de su padre, el eximio pintor don Antonio Rivas. Justo apreciador del paisaje, lo interpreta a conciencia y con escrupulosa fidelidad. La nota dominante de este paisaje, no de detalle, sino de conjunto, es la tonalidad en los verdes, bien sostenida y relacionada con el debido espesor en el fondo de los árboles. Éstos se mueven, ligeramente envueltos en una atmósfera liviana y diáfana. La perspectiva es justa y todo el conjunto es una sinfonía de colores" (Arte nº 164).

ALEJANDRO PIETROMARCHI (1877-1958) - ECCE HOMO

Óleo sobre tabla (51 x 40 cm.)

Pequeña tabla comentada por el obispo Bazán y Bustos con poco entusiasmo, junto con un "paisaje" no identificado: "Cuadritos de mediana ejecución, de esos hechos sin mayor empeño y solo para matar el tiempo libre. El fondo amarillento del Ecce Homo es antipático, molesta la vista, sin ventaja alguna para la obra. La expresión y el dibujo, regular. El paisaje, a mi juicio, sin ser gran cosa, lo supera; es más artístico" (Arte nº 114 y 115). 

ADORACIÓN DE LOS REYES

Autor desconocido

Óleo sobre tela (158 x 102 cm.)

El obispo Bazán y Bustos describe su impresión sobre esta obra diciendo: "Tela antigua de mérito no pequeño por la composición, por la factura, por el movimiento de las figuras, por el colorido caliente y pastoso, por la gracia sencilla de la Virgen, unción de los personajes, expresión de sus rostros y naturalidad de sus actitudes. El dibujo, empero, no es del todo exacto; y esto explica tal vez cierta dureza que se advierte en el Niño y en la figura que estira el brazo desde el extremo izquierdo. asimismo las sombras demasiado recargadas restan ambiente y perspectiva al fondo, envuelto todo él en negruras. Sin embargo, es justo observar que los siglos que han pasado por esta tela han debido necesariamente ejercer influencia, rebajando los colores y obscureciendo aún más las sombras. Lo que ha sido ejecutado con singular maestría son las pieles de los mantos y los turbantes de los santos reyes, que, a mi juicio, es lo más precioso del cuadro" (Arte nº 91).

UN PATIO RÚSTICO y UNA CASA RÚSTICA

Antonio Rivas

(1845-1911)

 

Presentamos dos obras (33 x 22 cm.) del pintor mallorquín Antonio Rivas incluidas en la Colección como parte del conjunto de obras de temática profana, en este caso, paisajes. El Obispo Bazán y Bustos tenía especial aprecio por este par de pinturas que describe así: "Estos dos hermosos cuadritos sobre madera son debidos al pincel del renombrado paisajista español Antonio Rivas, premiado en varias exposiciones europeas y americanas, académico que fue de la Real de Bellas Artes en Palma de Mallorca. Ambos paisajes están miniados con delicadeza infinita, con cariño sin igual, casi diría sentidos y vividos con amor de hijo, e interpretados con la fe y honradez de un alma enamorada del ideal artístico y que, ajena al lucro y sin escatimar tiempo ni fatiga, ha puesto todo su empeño en trasladar al lienzo, con sano y noble verismo, las bellezas incomparables del terruño. Cada detalle es una nota de color armoniosa, calculada, vibrante de sentimiento estético, de donosura perdurable. Y el conjunto, al mismo tiempo que da la impresión de la justeza del natural, refleja sin esfuerzo toda la serena placidez, toda la encantadora sinceridad de quien, a trueque de producir obras duraderas, llega hasta desafiar imperturbable la invicta paciencia del miniaturista" (Arte nº 100 y 101). 

VIRGEN CON EL NIÑO DORMIDO

Anónimo, Escuela de Rafael

Óleo sobre nogal (31 x 23 cm.)

Dice el obispo Bazán y Bustos sobre esta tela: "Esta hermosísima tela ha quedado ciertamente inconclusa; no ha sido terminada, especialmente en los pies y manos del Niño, que aparecen apenas esbozados. 

Así y todo, la tierna y delicadísima expresión, llena de amoroso sentimiento, con que la Virgen mira al divino Infante dormido en su regazo, unida a la perfección acabada de la forma y al encanto de espiritual belleza digna, aérea, graciosa, ideal a la vez que naturalísima, acusa un origen rafaelesco a esta bellísima pintura. 

El Niño, que duerme un sueño tan natural y regalado, siéntese cómodo en sus brazos y respira desahogado. Parece hasta que se percibieran sus flébiles ronquiditos...

Reina en esta pintura esa armonía y gradación de tonos, esa quietud y dulzura virgilianas, ese movimiento expresivo, natural y gracioso que el gran pintor de Urbino solía comunicar a sus Madonnas, fueran éstas de belleza un tanto terrena, como la de la Silla, o celestial, como la de Foligno.

En fin, sea cual fuere su autor, no tengo reparo en decir que ante ella aprendería más un discípulo que lo que pudiera hacer con todos los libros de pintura, según se expresaba Voltaire en su prefacio de Edipo hablando de las cabezas de Rafael." (Arte, nº 80).

DESCENDIMIENTO

Anónimo - Óleo sobre tela (1,70 x 1,50 cm.)

Se trata de una de las varias telas de la colección con igual motivo iconográfico. Esta en particular no figura en las descripciones de "Arte", probablemente porque adquirida con posterioridad a su publicación en 1919. Se trata de una obra de estilo manierista en la que destacan las "Tres Marías" mencionadas en los textos sagrados (María, la Madre de Jesús, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Cf Jn 19,25) y el mismo apóstol y evangelista Juan, como figuras principales de la escena. La contorsión del cuerpo muerto del Salvador es armónica y consigue  un indudable protagonismo visual gracias al cuidado juego de luces y sombras. El fondo de la escena es solo la oscuridad que envuelve el momento, elección del artista muy probablemente intencionada, para destacar la consecuencia física de la muerte de Aquel que vino al mundo como "Luz" (Jn 1,9).

EMILIO CARAFFA (1862-1939)

CONVENTO A ORILLAS DEL MAR

Medidas 67 x 39 cm.

Emilio Caraffa fue un destacado pintor argentino nacido en Catamarca, que se formó durante algunos años en Europa, y expresa en su pintura los paradigmas artísticos predominantes del siglo XIX. Se destacó principalmente en la acuarela, aunque pintó también al óleo, como en este caso. Entre sus obras destinadas al gran público, destacan los óleos amurados de la bóveda de la Catedral de Córdoba, y el cuadro historicista del paso del río Paraná por Urquiza, que se conserva en la Casa de Gobierno de la Provincia. El obispo Bazán y Bustos describe así, esta pequeña obra:  "Arriba, nubes vaporosas y transparentes flotando en el azul claro de un cielo despejado; abajo, la inmovilidad de las aguas cristalinas que besan reverentes los muros del convento. Un bosque de bien pincelados eucaliptos, que parecen menear blandamente su ramaje, lo sombrean y defienden.

Hay en todo el paisaje correspondencia y armonía en los tonos, suaves, tranquilos y frescos, y delicadeza y gusto, sobre todo, en la manera como está pintada el agua, que a mi juicio, es lo mejor. El artista no ha tenido empacho en colocar fuera de la escena, y a guisa de detalle esfumado sobre el esbozado marco, un ángel que lleva en brazos a un fraile camino de la gloria, mientras otro, espada en mano, hunde al de las alas negras en las llamas del abismo, resultando así el cuadro harto original y simbólico" (Arte nº 119).

BARCA DE PESCADORES

Autor anónimo

Medidas 1,70 x 1,10 cm.)

 

.Tela de gran efecto visual por sus contrastes cromáticos y juegos de luces y sombras. No aparece descripta en "Arte" pero se trata de una obra preciada de la Colección por su dinamismo y frescura. Las olas rompientes y la barca son los elementos protagónicos de la composición, en base a los cuales se articulan los demás motivos, principalmente el de la familia que espera unida el arribo y el pescador que recoge una red. Especial mención para los reflejos de las siluetas en la arena húmeda y las siluetas, apenas esbozadas, de las velas en el horizonte.  

 

En su libro "Arte", el obispo Bazán y Bustos ensaya un estilo intencionadamente coloquial, para transmitir las emociones que en su alma producen las obras que va describiendo. En algunas, apenas se detiene para mencionarlas; en otras para explicar con franqueza los motivos de su desencanto; en otras, en cambio, expresa con acentos casi poéticos, su embelesado entusiasmo, como en este caso. Se trata de una obra que evidentemente valoraba y encontraba deleite en contemplar con frecuencia, como fácilmente se deduce de la descripción que sigue: "Basta mirar este cuadro para convencerse de que, por lo menos, la escuela de Murillo está a la vista. Pertenecía a la colección de una distinguida familia española, uno de cuyos miembros tuvo la deferencia de cedérmelo, manifestándome que desde niño oyó contar en su casa que hubo necesidad de disimular su valor artístico - justicieramente elogiado por varios maestros valencianos . para substraerlo a rapacidades revolucionarias de España. 

Los sentimientos más recónditos del alma están reflejados en el rostro apacible, angelical, divino, de esta Inmaculada. Examínese esta tela, contémplesela tranquilamente y vuélvasela a mirar, y dígase si no es acabada su expresión. Un mundo de paz, de alegría reposada, de virginal recato, de humilde sobrehumana dignidad, se ha posado en sus facciones, realzadas por la magia de un colorido sobrio. Y luego esa encantadora cabellera de pelo sedoso, abundante, ensortijado y fresco con la frescura del aura matinal que cae sobre el cuello y hombros en donosísimo desorden de curvas, ondulaciones y bucles, y todo, trazado a perfección, con valentía de mano y firmeza de colorido, constituye a la verdad un fondo único, bello, interesantísimo, sobre el que aparece como viva y de relieve la faz divinal de María. 

Retocada y todo, esta tela es de un mérito real. Tiene esa sencillez y encantador idealismo, esa gracia y delicadeza exquisita que logró al fin comunicar a sus Vírgenes el gran artista sevillano, realizando así el casi milagro, como alguien ha dicho, de que pareciese emplear para pintar, en vez de pincel, un luminoso rayo del fulgente sol de Andalucía" (Arte nº 62).

LA INMACULADA

Autor desconocido

81 x 70 cm

JOSÉ BRUGO

MONSEÑOR BAZÁN Y BUSTOS

1,80 x 90 cm.

Retrato que el Obispo Bazán tenía en su estudio y que lo representa de pie con atavío protocolar ,en pose estudiada para transmitir formalidad, pero también cierto aire de espontaneidad e intimidad.  Escribió sobre este retrato lo siguiente: "El hábil pincel de Brugo ha producido en este retrato una verdadera obra de arte, ya se la considere desde el punto de vista del dibujo y de la técnica, ya del colorido y de la expresión. Porque no sólo posee esta obra un dibujo sólido y seguro que revela todo un artista de fuste, sino que presenta además una factura espontánea, natural, y un colorido admirablemente armonizado.

Hay fidelidad extraordinaria en la expresión del rostro y movimiento en toda la figura, sin ese convencionalismo hierático de que, por lo general, adolecen los retratos, aunque sean producciones de buenos artistas. No ha descuidado un solo detalle de esos que caracterizan al representado (el cuadrito antiguo esfumado en la parte superior da la nota de sus predilecciones), al mismo tiempo que ha revelado cualidades de pintor diestro que sabe de análisis y de síntesis, de realismo y de idealismo, fundidos con naturalidad y gracia en un trazo, en un toque, en una mancha de color vivo y palpitante" (Arte nº 9). 

SAN PEDRO PREDICANDO

Copia anónima del original de Anton Raphael Mengs (1728-1779)

148 x 114 cm.

Se trata de una tela de excelente factura que reproduce con notable fidelidad el original de Anton Mengs, pintado durante la segunda mitad del siglo XVIII. que se expone en el Museo de Historia del Arte de Viena. El artista bohemio, representante del neoclasicismo, retoma el motivo iconográfico del apóstol San Pedro predicando, que puede verse en el Museo del Prado, pero dando a la figura una impronta más solemne, y cargándola de elementos simbólicos. El apóstol, con los pies desnudos, habla sentado en una cátedra de mármol recubierta por un paño, de la que solo se deja entrever el pedestal y la figura esculpida de un león. Con la mano izquierda sostiene un libro que simboliza la Palabra de Dios que predica, sobre el que apoyan las llaves, su principal atributo iconográfico. Sobre la cabeza, una llama de fuego simboliza la asistencia del Espíritu de Dios en el anuncio de su Palabra, y el gesto de la mano derecha señalando hacia lo alto, replica el del cuadro del Prado, y no debe confundirse con el gesto del uso de la palabra, tan frecuente en la tradición iconográfica cristiana. Dicho gesto en el apóstol Pedro no deja de resultar llamativo si se tiene en cuenta que el personaje que tradicionalmente viene representado señalando, es Juan el Bautista.

LA VIRGEN CON SU HIJO MUERTO

Escuela española

(86 x 63 cm.)

 

Con toda probabilidad se trata de la tela que el Obispo describe en el nº 15 de su tratado, en el que desarrolla una encendida defensa del arte inspirado en la fe. De la obra destaca "la expresión de la Virgen, no así el dibujo, que tiene sus pequeñas fallas. El Cristo, en cambio, ha sido trabajado con más esmero, no solo en la parte anatómica, sino también artística, notándose el dominio y suavidad de mano del autor al extender los colores en el cuerpo del Redentor, no así en el drapeado, que se resiente de dureza" (Arte nº 15).